Yo soy yo y mi circunstancia.

Restos de algún corso









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La Habana




Car si l'amour n'est pas dans l'air, Je préfère rester sur terre.


Linda nota de Gaby Martin, que publicó en blanco y negro!!!





Leamos por deporte 09/10













El enemigo

Tan solo 9 años de vida y una sensación extraña.Una voz retumba hasta el techo. Dice que yo me preparo y otra niña se presenta. Me tiemblan las piernas. La alfombra azul parece un mar inmenso que invita al naufragio. Me hipnotiza, siento estar al borde de un abismo. Entiendo que ya no hay forma de escapar. Se avecina.

Entonces escucho mi nombre, camino despacio y firme, la cabeza en alto. Las miradas me pesan por todos lados, pero no logro ver a nadie. Se agolpan en mi memoria tantas siestas entrenando para este brevísimo instante. La música comienza. Mis músculos se entibian.

La pelota se atreve a girar por mi cuerpo, rueda por el suelo, vuela por el aire. Es rosa y brillante, se resbala caprichosa. Acompaña la danza rítmica de mi espíritu. Tensión y expectativa. Saltos, giros y equilibrios. Dos piquecitos por fin marcan el fin.

Se escuchan los aplausos. La emoción me invade una vez más, el pecho agitado no me deja sonreír, las piernas ya casi no pueden sostenerme.

Espero ansiosa el veredicto. He ganado el primer lugar.Soy la única en mi categoría: pre-infantil, nivel B2.

Reina el silencio. Mis ojos buscan desesperados a mi familia entre el público. Qué vergüenza, qué decepción, el mundo se me derrumba. El vacío inunda el lugar.Y es que me he dado cuenta que todo ha sido en vano. Descubro la cruel verdad de mi pasión, no hay ni habrá victoria sin enemigo.




Mi humilde aporte para cerrar la tanda de cuentos de verano, gracias a la confianza y el cariño de Seba Roggero y los chicos de deportes.


Suple Sandro






Contame la historia







Propuesta gráfica editorial para un suplemento sobre el bicentenario. La idea le pertenece a María Elena Callet Bois. El diseño y el contenido simulan un diario que cuenta la historia como hechos actuales.


El reflejo propio de mi ser, el gesto interior en una foto.

Cómo llegar



(...)
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas. La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie.
(...) Fragmento de Instrucciones para subir una escalera de Julio Cortázar.






Las paredes húmedas.
La madera mojada.
El retorcido ojo de un aljibe.
Un cielo de domingo.
Me siento en la escalera
y todavía te espero.
Con horror descubro
que estoy condenada
a recordarte por siempre.

Crónicas de México

“Mientras, para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mejicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía”.

Octavio Paz, escritor mejicano.


Así empieza una de las notas de mi compañero Dante Leguizamón, como una hermosa síntesis de la cultura mexicana. Aquí va mi parte de diseño.



Shalom











Calle de fiesta













Barrio Colón le dio magia a mi infancia. Por primera vez y de la mano de mi abuela, descubrí allí lo que era una feria. Nada más que una pequeña calle pero vestida para la ocasión, de fiesta. La gente, el tumulto, los colores, los cajones, las polleras y los tacos. No alcanzaba a ver más. Sólo sabía que si me perdía entre la multitud tenía que alzar la cabeza hacia el cielo y gritar “abuela” con todas mis ganas. El barrio haría el resto.
Después de esos años no volví a la feria más que de pasada. Vinieron los súper, los hiper, los megas, las cajas rápidas y se encargaron de apagar todo el encanto.
Dejé guardado en mi memoria el asunto de las ferias, hasta que por fin pude recordarlo y homenajearlo con este proyecto.
Me propuse sin muchas expectativas recorrerlas y para mi asombro me encontré con que nada había cambiado. Todo parecía haberse detenido en el tiempo. Los mismos delantales, los mismos rastrojeros, la lapicera en la oreja, los carritos de colores, la listita y la suma, el regateo, la boliviana de los pimientos, la ropa barata y los infaltables churros. Entendí entonces que su filosofía había sido más fuerte que el paso del tiempo. Se empieza tempranísimo, cada día en un barrio distinto, con un trabajo arduo y honesto. Sobrevive un lugar en el que todavía existe la yapa, la verdadera oferta, el -quiere probar- y el saludo cordial.
El olor a fruta me trasladó años atrás. De repente me sentí niña otra vez, hundida en medio de los recuerdos. Me vi a misma perdida entre el gentío, recordé el código, entonces levanté la cabeza, miré al cielo y ya no tuve a quien gritar.