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El enemigo
Tan solo 9 años de vida y una sensación extraña.Una voz retumba hasta el techo. Dice que yo me preparo y otra niña se presenta. Me tiemblan las piernas. La alfombra azul parece un mar inmenso que invita al naufragio. Me hipnotiza, siento estar al borde de un abismo. Entiendo que ya no hay forma de escapar. Se avecina.
Entonces escucho mi nombre, camino despacio y firme, la cabeza en alto. Las miradas me pesan por todos lados, pero no logro ver a nadie. Se agolpan en mi memoria tantas siestas entrenando para este brevísimo instante. La música comienza. Mis músculos se entibian.
La pelota se atreve a girar por mi cuerpo, rueda por el suelo, vuela por el aire. Es rosa y brillante, se resbala caprichosa. Acompaña la danza rítmica de mi espíritu. Tensión y expectativa. Saltos, giros y equilibrios. Dos piquecitos por fin marcan el fin.
Se escuchan los aplausos. La emoción me invade una vez más, el pecho agitado no me deja sonreír, las piernas ya casi no pueden sostenerme.
Espero ansiosa el veredicto. He ganado el primer lugar.Soy la única en mi categoría: pre-infantil, nivel B2.
Reina el silencio. Mis ojos buscan desesperados a mi familia entre el público. Qué vergüenza, qué decepción, el mundo se me derrumba. El vacío inunda el lugar.Y es que me he dado cuenta que todo ha sido en vano. Descubro la cruel verdad de mi pasión, no hay ni habrá victoria sin enemigo.
Mi humilde aporte para cerrar la tanda de cuentos de verano, gracias a la confianza y el cariño de Seba Roggero y los chicos de deportes.